viernes, 19 de junio de 2015

Escuela Secundaria en el campo y amores primarios.

Aunque yo vivía en el kilómetro 111 de la carretera central, a dos kilómetros del pueblo de Consolación, rodeado de caballos, bueyes y todos los demás inquilinos campestres, aquel territorio estaba declarado, en lo referente a ubicación de los estudiantes de secundaria, como "zona urbana” y me correspondía entonces cursar dichos estudios en una ESBU, Escuela Secundaria Básica Urbana, cuyos alumnos estaban semi internos y dormían todos los días con su familia, se conocía también como “secundaria de la calle”.

Aquella ubicación no me favorecía, pues me iban a separar, a distanciar de Zaida, el amor de mi vida, solo porque su domicilio estaba en el kilómetro 112 de la mencionada carretera, la diferencia era abismal, al menos para el Ministerio de Educación, como si fuera puro monte adentro donde ella vivía; Zaida Cecilia Naranjo era mi novia desde segundo grado y como es lógico, ese asunto me tenía muy mal, deprimido y triste, porque sería muy difícil encontrarnos y continuar con aquella relación; y ella, como si nada, tan tranquila y sonriente; su calma,  se debía seguramente, a que todavía no sabía que era mi novia.

lunes, 8 de junio de 2015

Café Pinar (+Fotos)

No sé quién le habrá puesto este nombre a un lugar donde nada tiene que ver con aquella noble droga. El café Pinar es un centro nocturno como cualquier otro en Cuba, pero el único de su tipo en Pinar, por lo que tampoco era necesario aclarar el dato geográfico en su nombre.

Como muchas de estas opciones recreativas, el tal café era inaccesible al trabajador común al menos cuando yo lo visitaba, realmente no sé ahora, pero me imagino que siga más o menos igual, la gran muralla de precios contra poder adquisitivo del ciudadano común, imposible pasar una noche allí y consumir la oferta, gastar en moneda dura lo que te pagan bien blando.

martes, 2 de junio de 2015

El caso de los niños loros

Vivimos en un mundo donde la tecnología es a veces avasalladora y la gran locomotora que la empuja, el Dios mercado y especialmente, el mercado de la información, hace presa fácil  de los más desprotegidos para enfrentar esa global avalancha que siempre son los más jóvenes y específicamente, los niños.

Pero desde todos los tiempos los adultos se han propuesto tener siempre a su alcance los niños loros, garantizando o perpetuando no solo su descendencia biológica o su linaje, han ido un poco más lejos, hemos tratado de perpetuar de manera forzada nuestras convicciones, principios o ideales, nuestras creencias políticas o religiosas, hemos adoctrinado a nuestros críos sin darle ninguna oportunidad de elección para bien y muchas veces para mal.