viernes, 14 de marzo de 2014

Guardia Rural





Lo que se conoció en Cuba como Guardia Rural fue el cuerpo armado para la represión y vigilancia que se creó en el campo cubano a raíz de la desactivación del Ejército Libertador y previendo la salida del país de todas  las fuerzas extranjeras que habían participado en el final de la guerra de 1895, españoles y norteamericanos.

La Guardia Rural fue creada sobre todo para preservar los intereses neocoloniales de los Estados Unidos y por ello fue concebida bajo el tutelaje de este ejército de ocupación quien seleccionó cuidadosamente al menos sus primeros miembros, los cuales en no pocos casos habían sido integrantes del Ejército Libertador cubano, aspecto muy ventajoso porque eran conocedores del terreno, de la poblacion, estaban acostumbrados a estar en campaña bajó pésimas condiciones de vida y por ello se conformaban con bien poco, sin contar además con su férrea disciplina militar y capacidad organizativa; herencias indudables del glorioso y desmovilizado Ejército Mambí.

Formando parte importante de este alumbramiento como progenitores de la criatura, estaban los terratenientes y ricos hacendados que a pesar de la reinante miseria de un país devastado por las guerras, habían sabido bañarse y guardar la ropa y así preservar sus riquezas; veían venir una época de bonanza y oportunidades por lo que estaban muy preocupados por defender sus posesiones y sus riquezas de cuanto malandrín o muerto de hambre las rondara.

Por ello más de la mitad de los cuarteles donde se asentaba los puestos territoriales de la Guardia Rural eran privados, muchos de ellos “donados” y otros arrendados a precio de caballo enfermo.

De la misma manera sucedía con otros pertrechos y avituallamientos necesarios para la creación y vitalidad de este cuerpo armado; desde el costo de los uniformes hasta los caballos (estos de ahora, bien saludables) y sus correspondientes caballerizas.

Díganme quien da de comer, quien paga y les diré quién pone las reglas; a quien adoras, cuidas y defiendes; a quien atropellas y mancillas.

Los hacendados y terratenientes…, perdón, quise decir  “La Guardia Rural”, después de liquidar no pocas  bandas de malhechores y asaltantes que hicieron de las suyas en medio del caos y la anarquía creada con el fin de la guerra y la salida de los ya mencionados ejércitos extranjeros; ya no tenía otros “enemigos” que la población rural, esos pobres y desalmados guajiros que de vez en cuando había que desalojar a puro plan de machete1 de tierras y propiedades privadas con todos sus tarecos y chiquillos de infladas barrigas, no de comida precisamente.

Las historias de abusos, atropellos, desalojos y de las más crueles injusticias cometidas contra la población sobreviviente a las guerras y a los pioneros campos de concentración creados por 
Valeriano Weyler y Nicolau, llenan los libros de historia de Cuba y nadie, sea de la afiliación política que sea puede negarlo.

Pero en todo partido, en toda organización política o militar más allá de su plataforma programática o sea cual fuere las reglas o doctrinas por las que decidieran  regirse; siempre existirán marcadas diferencia internas mayores o menores definidas por las particularidades propias de cada persona integrante de estos grupos y por ello uno puede a lo largo de la historia, encontrar en las mismas, desde los extremistas más radicales y conservadores, los que nunca tuvieron entrañas ni corazón, los que realizaron su sueño de torturadores y asesinos; y en el otro extremo, personas honestas, con ética, llenos de humanidad y con todo el decoro que en otros falta como definiera José Martí; buenas personas que formaron parte de las peores afiliaciones o partidos inimaginables como el Nazi u otros muchos, empujados  por una infinidad de razones, situaciones o coyunturas socioeconómicas complejas de cada momento histórico que los hicieron tomar tales decisiones, pasando incluso por espejismos o engaños.

Revise la historia y notará esto que le digo a montones porque para bien y a veces para mal un ser humano siempre es mucho más que cualquier ideología, doctrina política o creencia religiosa, desde los tiempos del esclavismo hasta ese minuto que acaba de irse volando frente a nosotros; solo usaré un ejemplo cercano a los intereses de este artículo, el del teniente Pedro Sarría Tartabull que apresó a Fidel Castro después del asalto al Cuartel Moncada en momentos en que hacer prisioneros no era la orden del día y éste hombre por nada permitió que  asesinaran a sus detenidos como le ocurrió a muchos apresados a raíz de aquellos acontecimientos, sin que mediara al menos, un proceso medianamente legal.

Tuve el privilegio de conocer a un guardia rural, a Félix Hernández Rodríguez; un buen hombre, el señor de la foto inicial, al que conocí en 1969, en La Habana, el señor vivía en el reparto Nuevo Miraflores y por aquel entonces era ya un anciano jubilado que se mantenía de su modesta pensión por los años de servicio en el cuerpo de la temible Guardia Rural.

Lo primero que saltaba a la vista en tal situación y al buen juicio, era que nadie lo estaba buscando por sus atropellos, hechos de sangre o abusos cometidos; de otra manera no hubiera estado disfrutando tranquilamente su retiro, intocable y respetado por el joven gobierno revolucionario y sobre todo por los que nunca olvidan, el pueblo.

Su aspecto, si buscara la comparación ideal diría que tenía la figura del quijote descrito por Cervantes y Saavedra pero sin barba, porque estaba siempre muy bien afeitado y pelado, todo un militar por las cuatro esquinas, obsesivamente pulcro; de pocas palabras y por ello las historias que pude recopilar vienen de sus más cercanos, familiares, conocidos y amigos.

Félix muchos años antes de que yo lo conociera era parte de la dotación  del cuartel de Las Posas, un poblado a unos 15 kilómetros de Bahía Honda en la costa Norte de la provincia de Pinar del Río en aquellos entonces; su casa estaba ubicada muy próxima al propio cuartel, prácticamente de patios; Félix fue padre de nueve hijos y a pesar de su buen salario para la época, la situación en su casa era bastante apretada económicamente, resumiendo se puede decir que vivían en la miseria.

 
Félix con algunos de sus hijos.
No sé si por humano o respetuosos de los seres vivos o ambas cosas, cuentan que nunca sacrificó un animal sin antes darle de comer y beber, pero parece que siguiendo este principio jamás condujo a un detenido a ninguna parte sin antes llevarlo a su propia casa a que se alimentara primero sobre todo en traslados de muchos días a caballo a La Palma o Bahía Honda, las dos comunidades urbanas más cercanas.

Era un hombre muy serio, tan serio que en ocasiones era blanco de burlas y bromas por parte de sus compañeros; refieren en una de ellas que como parte de los pertrechos militares que a los guardias le eran entregados, estaban las capas para protegerse de la lluvia y sucedía que la suya, Félix la cuidaba en extremo y casi nunca la usaba a menos que fuera muy necesario; una tarde se la puso bajo un fuerte aguacero en el patio de la casa y desde el cuartel sus compañeros que lo vieron le gritaban “¡Félix apúrese que se le moja la capa!” y él respondía muy ofendido enviándolos con sus progenitoras.

Félix no aceptaba que el cerdo de turno en su patio no supiera identificar como intocable el pulcro paño que cubría la pipa del agua para uso doméstico que del río era cargada hasta la vivienda y por ello estuvo toda una tarde como domador de circo sentado con una vara en mano para cada vez que el cerdito tan solo olía la tela, el golpe de la vara intentaba ajustarle sus puercos instintos. Hablando del agua, en horarios que no estaba de servicio, éste señor era el aguador del pueblo, montaba sus pipas con yuntas de bueyes y brindaba este servicio a los pobladores.

Observé muchas veces a Félix dormitar en un sillón de la sala y siempre me preguntaba qué tipo de siesta era aquella porque aunque estuviera con los ojos cerrados, sus pulgares estaban en movimiento constante, girando uno alrededor del otro y sin dejar de mecerse  en el sillón en cuyo espaldar colgaba su impecable sombrero reglamentario.

Cuentan que viviendo en la capital, durante sus años de retiro o jubilación era un problema que saliera con la intención de comprar alguna cosa en el mercado porque su caballerosidad era tan exagerada que por nada aceptaba que una mujer comprara o se colocara en fila detrás de él y pasaban horas antes de que regresara a casa con el encargo, cediendo siempre su lugar galantemente.


El 21 de Julio del 1969 dos hombres lograron caminar sobre la superficie de la luna en aquella misión del Apolo 11; para aquel escéptico viejo esta noticia fue siempre un chiste, una broma y nunca pudo aceptar el hecho lo dijese quien lo dijese, él solo reía y le decía a una de sus nietas que acostumbraba a embromarlo con aquel asunto que en cuanto pusieran las guaguas a un real, él también iría a la luna.

Félix y su esposa Josefa (Manguina) con los primeros chicos
Como padres fue duró, estricto, bien recio, un hombre de su época en que mostrar muchos afectos era algo bastante raro así que su gesto de tocarme el pecho con su puño y decirme “chiviriiiico” debió ser algo muy notable.. 
Algunas de las hijas de Félix y Josefa (Manguina)

Para pretendientes de sus seis hijas, la palabra adecuada sería “letal” pero no debió serlo tanto cuando un puñado de nietos y bisnietos andan esparcidos  por Cuba y por todo el mundo; Félix ponía a temblar con su mirada al más pinto de la paloma; habría que estar ciertamente muy enamorado de aquellas lindas muchachas para pararse firme, frete al suegro guardia rural; tan enamorado como aquel que escribió “Mi Hamor” en un mensaje interceptado por el veterano militar quien a voces proclamó que seguramente aquel AMOR con “H” era uno de los amores más grandes de este mundo.

Félix pudo haber sido uno de los pioneros en la creación de los documentos de identificación en nuestro país, sin lugar a dudas, porque siempre a uno de sus nietos con edad suficiente para viajar en tren cuando regresaba a su casa; el abuelo le hacía portar un documento que él mismo redactaba, con casi todos los elementos de un actual documento de identificación personal; nombre, apellidos, dirección y quienes eran sus padres.

Me imagino (porque no poseo el dato exacto) que Félix debió nacer en 1900 como su esposa Josefa o unos años antes que ella tal vez, lo cierto es que él no tuvo la suerte de su compañera en vida, de poder contemplar en dos ocasiones, la visita del cometa Halley que se hizo visible en nuestro planeta en 1910 y 1986 porque muere mucho antes de esa segunda vuelta.

Casa de Felix Hernández  en Las Posas. Hijos y familiares en la foto.


Josefa Torres Conde con su esposo Félix



En primer plano ocho de los hijos de Félix y Josefa. (de izquierda a derecha) Alfredo, Guillermina, Viviana, Estrella, Sabina, Blanca, Gudelia y Miguel. La foto fue tomada en la Habana en 1999 con motivo del cumpleaños 75 de Gudelia y Miguel y de la visita a Cuba de Blanca.












 1-"Plan de Machete" : se le llamaba al golpe contundente aplicado con las partes no filosas o cortantes del machete, método usado con frecuencia por la guardia rural en Cuba.

http://ecured.cu
Documentos para la Historia de Cuba de Hortencia Pichardo

1 comentario:

  1. Hola .. estuve leyendo este artículo, muy interesante me gusto y más por conocer mis raices y el final de mi bisabuelo, me encanto ver las fotos y sobretodo en la que aparece el abuelo Miguel.

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