viernes, 31 de enero de 2014

Nivel Cultural



Corrían los finales del curso escolar 1981 – 1982 y quien escribe estaba terminando el bachillerato, el 12mo grado escolar en el Instituto Pre-Universitario en el Campo (IPUEC) “Luis Bocourt Díaz”, en el municipio de Consolación del Sur. Pinar del Río.

El “Pre” fue una hermosa etapa de mi vida y lo recuerdo con nostalgia y cariño. Solo aquellos que pasaron por esta experiencia pueden comprenderlo de mejor manera, sobre todo por ser una escuela de tipo interna o lo que se conoce en Cuba como “becado”, el asunto es que allí vivíamos y pasábamos la mayor parte de nuestras adolescentes vidas; yo he dicho que cuando me interné en una secundaria, luego en el Pre; dejé de vivir con mis viejos y comencé únicamente a visitarlos; por ello las anécdotas de esa época son innumerables y también inolvidables.

 Mucho hay escrito y publicado por ahí en detrimento de ese sistema de educación en Cuba, que si fue una aberración, que si el adoctrinamiento político, que si fue mediocre la enseñanza; incluso escriben (por lo que he visto) hasta gente que nunca estuvo físicamente en un Pre o alguno de sus familiares cercanos. Yo, con este intento de divertida historia que les traigo a mis grandes minorías de lectores los libero de llegar a la conclusión que deseen pero les aclaro que guardo una excelente imagen de tal sistema de educación o puede que yo haya tenido mucha suerte con mi claustro de profesores y no pretendo compartir o hacerle el juego a ese tipo de historias aunque respeto opiniones y criterios diferentes.

Pues resulta que en ese momento de casi fin de curso, próximos a optar por las carreras a estudiar en la universidad, a despedirnos y alejarnos unos de otros; comenzar una nueva vida, a crecer, a madurar… un buen día la subdirectora del Centro nos convoca para el teatro, solo a los estudiantes de mi año; enseguida se despertó mucha expectativa porque las reuniones con mi curso eran frecuentes por esos días para discutir o hacernos saber cosas muy importantes y trascendentales con motivo de la graduación y de las carreras disponibles.

Milagrito como la conocíamos todos era la subdirectora, excelente profesora de Español y Literatura, muy preparada, muy culta, muy dulce, muy paciente; tenía además vastos conocimientos de las artes y las letras; dominaba el piano y a veces nos deleitaba con sus interpretaciones; era respetada y querida.

El asunto pues, era el siguiente; de la dirección nacional de cultura como parte de planes de (no tengo idea o no recuerdo y ahora solo especulo) de lograr ampliar el acervo cultural en los lugares más apartados o atrasados culturalmente del país estaban enviado grupos de tarea (uso denominaciones militares con toda intención) fuerzas de trabajo y pacificación, grupos especiales de choque y dominación a estas apartadas regiones y a nuestro municipio habían enviado la correspondiente invasión cultural.

La dirección municipal, el gobierno regional, no sabía qué hacer con ellos o en qué entorno poblacional dejarlos caer sin que los “caníbales” de las tribus locales, posiblemente se los comieran vivos porque no estamos hablando de cualquier agrupación cultural, era nada más y nada menos en nuestro caso de una  soprano con su acompañante al piano, ambos de formación kamikaze seguramente para enfrentar tan osada misión de la cual pudieran fácilmente no regresar nunca más.

Pues aquellos dirigentes del municipio después de mucho pensar y analizar sobre públicos posibles en nuestro territorio y en encontrar dónde estaba la cúspide del saber, el conocimiento y la mayor educación posible, pusieron la mirada en nosotros, los casi bachilleres, ningún colectivo mejor dispuesto, preparado y concentrado además para tales fines y mostrar así lo mejor de la zona, con la posibilidad absoluta de dejar una impresión inolvidable en aquellos valientes y cultos capitalinos que nos visitaban.

Entonces Milagrito nos planteó la tarea, la responsabilidad que contraeríamos, lo que estaba en juego, nos explicó detalladamente en qué consistía la misma, nos alertó que no era a lo que mayormente estábamos acostumbrados a escuchar o presenciar, que era arte de primer nivel que era….. en fin, un lujo para nosotros y un altísimo honor, seríamos sin duda la imagen del municipio ante las autoridades nacionales representados en nuestro modesto “Pre” por aquellos embajadores culturales.

Y les cuento que nosotros lo vimos justamente como ella nos explicó, se creó el compromiso total de ser el mejor público posible, un público más culto que aquellos que asistían a los mejores teatros de Paris o New York; todos lo tomamos con una seriedad absoluta, les aseguro que en aquel grupo de casi 100 estudiantes de 18 años de edad, ni siquiera existió una broma o alusión a que fuera de otra manera, lo daríamos todo por nuestro terruño y nuestra escuela.

Cuando aquello existía un programa en la televisión que pasaban los lunes a las 8:30 de la noche (si mal no recuerdo), que se llamaba “Álbum de Cuba” que recreaba ese tipo de géneros musicales; conducido por una gloria de la música cubana, Esther Borja recientemente fallecida y realmente era un programa de muy alto nivel artístico pero la educación como todos saben nos llega siempre primero  desde la cuna y nuestros padres, trabajadores humildes en su mayoría, semi analfabetos o alfabetizados por el proceso revolucionario cubano, encontraban aquella joya de la cultura cubana como un purgante en medio de la programación recreativa y entonces apagaban o cambiaban al otro y único canal disponible y eso creaba siempre estereotipos.


No obstante, con el anuncio de la visita, no cabíamos en nuestra ropa de tanta vanidad, porque no era solo la exclusión total de los grados escolares inferiores que convivían con nosotros en la escuela; era la exclusión de toda la población del municipio, nosotros éramos lo mejor, la creme de la creme, únicos, superiores y además era obvio, no podía ser de otra manera después de leer y estudiar toda aquella sarta de librejos de la literatura clásica y mundial, Ibsen, Chéjov, Tolstoi, Pushkin, Kafka, Shakespeare, Cervantes y un montón de ellos más; ¿y qué decir de los tan complejos acertijos matemáticos que nos exprimieron el cerebro?; ¿y de Química, aquel asunto diabólico del ión-electrón? y así por cada asignatura estoicamente vencida, sin duda, éramos la élite del saber y la cultura.

Llegó el esperado día y nos pasaron al teatro con extrema vigilancia en la puerta de manera que ninguno de aquellos incultos chiquillos de onceno o décimo grado se colara y creara un caos con su sabida ignorancia.

Tomamos asiento en total silencio y disciplina extrema, pudiera decirse que solo nos faltaba sustituir los azules uniformes por los requeridos esmóquines para tal ocasión.

Unas breves palabras del director de la escuela ante miembros de la dirección; gobierno local, el partido y otros directivos y representantes culturales y entraron los esperados artistas bajo una fuerte e inesperada ovación del público.

En el momento justo de tenerlos frente a frente todo el mundo notó el casi imperceptible estrabismo del pianista, pero no fue significativo para nada y nos repusimos pronto y sin consecuencias de aquel bajo y traicionero golpe para el cual nadie nos había preparado y comenzó entonces el sonido del piano, instrumento mágico con la capacidad inigualable de transportarte a otro universo y calmar o enaltecer los ánimos..

Cuando aquella elegante y cuarentona mujer abrió su delicada boquita y lanzó lo que nos pareció en ese momento su primer y terrible alarido musical, las caras se pusieron muy rojas y alguien no pudo soportar la presión y buscó protección detrás del asiento delantero y como un niño salvaje e inocente, simplemente rompió a reír de manera incontrolable.

¿Conocen el efecto dominó?; uno tras otro o de a racimo todo el mundo se perdió detrás de los espaldares delanteros y todos muertos de la risa, el teatro parecía vacío con todo el mundo metiendo la cabeza como el avestruz tras los asientos; les juro que yo quise evitarlo como todos, nadie quería reír y tener conciencia clara de eso, era mucho peor, queríamos que la tierra nos tragara pero riendo, no podíamos aguantar mientras aquella mujer con el visco al piano chillaba y rechinaba su muy profesional y entrenada garganta.

Fue el desahogo (supongo) de toda la tensión sicológica previa y prohibitiva, es como que te dijeran “no puedes rascarte” y automáticamente te pica todo el cuerpo; mientras menos queríamos reír más nos reíamos y al mismo tiempo estábamos profundamente avergonzados de nuestra humillante conducta y no podíamos parar de reír, a borbotones la risa, muy mal ahogada y en cada intento de suprimirla renacía con más estrépito; allí vi reír a todo el mundo incluyendo directivos, profesores y gobernantes locales y hasta la madre de los tomates hubiera reído de haber estado; tal vez sin que lo supiéramos había probado algún producto químico para la hilaridad; aquello fue increíble..

Les aseguro que las dos víctimas o motivos de las carcajadas, eran verdaderos y auténticos artistas; allí quedó demostrado, se probaron al fuego, ¡cuánto dominio!, ¡qué derroche del método de Stanislavski¡, porque siguieron como si nada y se sobrepusieron a un macabro público que lógicamente no podía reír para siempre y entonces comenzaron canciones más conocidas o escuchadas como “María la O” con otro ritmo más pegajoso, más contagioso y comenzamos a seguir con palmadas la música y por fin se le ganó a la risa.

Puede ser, no obstante, que al final el error haya sido de ellos mismos al seleccionar inadecuadamente el repertorio.

Como nos sentíamos muy culpables (y divertidos también), al terminar la presentación la ovación del público fue el doble del inicio con gritos clásicos de “¡Bravo!” y no solo eso, los artistas fueron rodeados e interpelados con exageradas y aparatosas preguntas de donde se podía aprender a cantar así, cuál era la técnica que usaban, si comían antes o después de cantar….ahora resultaba que todos estábamos muy deseosos de dejarles bien claro que nuestro gran sueño había sido siempre convertirnos en barítonos, tenores, sopranos y en pianistas bizcos.

Ese grupo grande del Pre lo tengo medio perdido, fuera de mi vista, en mi paso obligado por Consolación de cuando en cuando, siempre estoy ansiando encontrarme con alguno de aquellos, solo hay unos pocos por allá, el resto ni en Facebook los encuentro y me pregunto por dónde estarán; me preocupa a veces que el pianista de doble visión los esté asesinando uno por uno. Ojalá alguno pueda ver estas líneas y ponerse a buen recaudo en tal caso.

Yo he sentido en lo personal “la maldición de la soprano” porque nunca llegué a tener un buen nivel cultural por mucho que lo intenté y me esforcé, hay varias evidencias de eso (solo al leer esto ustedes lo notaran) pero sobre todo me apoyo en la prueba incuestionable que nunca he podido reírme mucho o casi nada (a veces solo con una risita medio fingida) con las películas de Allan Stewart Königsberg y es sabido que con él, las personas verdaderamente cultas se desternillan de la risa.

Les puedo jurar que me he esforzado en entenderlo y reírle sus “ocurrencias”, pero parece, según los resultados, que lo he hecho con la misma poca fortaleza que intenté aquel día aguantar la risa pero no logro captar ese súper triple sentido del humor finísimo de este magnífico autor- director de cine y miren que he visto de todo, por eso pienso que es “la maldición de la soprano”.

Mis compañeros de estudio, donde quiera que estén sé que al leer estas líneas reirán de nuevo y los golpeará dulcemente la nostalgia de aquellos maravillosos días pero no se descuiden ni se confíen (por si acaso) en un seguramente ya anciano pianistas con bizquera, su vida puede estar en juego.

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La UNESCO reconoce avance de la educación en Cuba (15/02/2014)

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Foto: elcolimador.cubava.cu 




7 comentarios:

  1. He visto la última peli de Woody Allen, "Blue Jazmin" y aunque nada de risas, realmente me ha gustado mucho y la he disfrutado bastante, hasta me atrevo a recomendarla, nada que estoy mejorando un poco.
    Por otra parte no me siento como tipo raro porque dice el crítico de cine que éste director es muy apreciado en Europa pero no tanto en los Estados Unidos con excepción precisamente de este film.

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  2. Bueno que decir, me gusto y me rei cantidad parece que yo estudie en ese pre contigo me parecia que estaba alli y en esa epoca yo estaba estudiando en siberia y me rei no solo por ese momento de la entrada del bisco y compañia sino por otras cosas graciosas que escribes

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  3. Me rei mucho con tu articulo, tambien recorde nostalgicamente aquellos años.
    Estoy aqui en la casa trabajando con un subordinado mio y leimos el articulo, él q tambien estuvo en un pre lo disfruto tanto como yo.
    Fue una epoca, a pesar de muchos pesares, de oro, sobretodo cuando lo comparas con la epoca de hoy, a pesar de las "bondades" de la epoca actual.

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  4. Buenisimoooo articulo me has hecjo recordar tantos buenisimos momentos jajaja estoy asombrada de leer tu articulo muy bueno maravilloso felicidafessss para tiiii. te quiero

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  5. Ahyyyyyyyy, mira que me reiiiii y se lo leí a mi esposo, le gusto mucho pq el estudio en el Pre también , pero además tu crónica golpeo duro mi memoria y me volví a sentir sentada en aquel teatro. ¡que recuerdo más lindo de esa bella e irrepetible etapa de nuestras vidas! ,te felicito porque está muy buena y toca duro nuestros ya rizados corazones jajajaaaaaa , gracias , un abrazo y salúdame a tu familia.

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  6. Me rei por la anécdota de su pre. Una vez la sinfonica nacional visito el IPVCE y los cuadros estabamos atemorizados, cuando llego la función, los estudiantes tuvieron una férrea disciplina, nosotros pensábamos que los alumnos en el receso se irian, nadie fue ni al baño, fue un éxito, verdad que la música interpretada no era totalmente del tipo clásico sino muy popular, temas de importantes y populares películas. Excelente anécdota. Gracias.

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    1. Suerte que fue la sinfónica nacional y suerte de temas escogidos. Asumo que usted, "anónimo" es un excelente profesor que trabajó en la escuela vocacional de Pinar del Río, por eso sus palabras tienen mucho valor para mi, gracias por ellas y por leerme

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