jueves, 25 de agosto de 2016

Equivocados en Línea

Son varios medios y varias personas que plantean que el pueblo cubano es un pueblo instruido pero poco educado, en mi opinión también lo creo así y la educación es una cuestión que se puede observar en cada manifestación o aspecto de la vida social; lo mismo esperando un transporte, que en un hospital, que entre conductores en la vía o tan solo cuando se cruzan dos personas y también cuando llamamos por teléfono, que es el tema para este artículo de hoy.

Las personas que han abierto sus ojos en un mundo moderno o al menos con una casa actualizada en las comodidades básicas de un mundo moderno, no tienen idea del significado, del valor de uso (para citar solo uno de los valores) de cada uno de esos medios o aparatos a su alcance.


En aquel batey de Santa Bárbara donde trascurrieron mis primeros años de vida y donde vivían unas cien familias, solo existía un teléfono y por haber sido propiedad del hacendado Montalvo que se fue con el triunfo de la revolución y por lo menos entre otras cosas dejó una raya, digo, una línea, que no es lo mismo, porque esta era telefónica.

Alexander Graham Bell
El teléfono fue algo increíble y sorprendente, no solo cuando Alejandrito lo patentó en 1876, también lo fue cuando yo lo descubrí, sobre todo en un país que el transporte ha sido difícil en toda época que he conocido y un teléfono es casi como un medio de transporte instantáneo a otro lugar, algo que los mal educados pierden de vista porque se meten en los hogares de familia en los días y horarios más inoportunos posibles.

Una de las cosas más interesantes en mis vacaciones escolares de cada año en la capital, allá por el reparto Nuevo Miraflores, era aquel complicado aparato empotrado en una pared frente al apartamento del edificio donde vivía mi familia, he buscado imágenes en Internet para mostrarlo, pero no hay, así de antiguo era aquel teléfono público que existía en la Habana por los años 70; todo de negro y sus partes metálicas niqueladas, muy elegante como si vistiera de esmoquin, era delgado y muy alargado, como el Quijote, los de hoy la mayoría se parecen más a Sancho.

Yo siempre lo miraba más de lo normal pero  de reojo, disimulando, como se mira a una chica que te interesa pero sin que nadie te vea, ni ella, en el caso del teléfono para no parecer tan guajiro y creo que en el otro también; pero como no tenía a quien llamar era solo amor platónico.

Contaba con 37 años de edad cuando tuve el privilegio de que me instalaran un teléfono en mi apartamento en Pinar del Río con los beneficios que se conocen y con las molestias de las llamadas equivocadas, sobre las que creo haber hecho, sino un doctorado en todos estos años, al menos un tratado en la materia.

A cualquiera se le tuercen los dedos al marcar o el subconsciente lo traiciona y marca un número equivocado, hasta la vista nos puede jugar una mala pasada, nadie está exento de cometer ese error PERO es justo en el momento contiguo a la equivocación que realmente nos lucimos, que podemos mostrar nuestra buena o pésima educación y nuestro elemental coeficiente de inteligencia o también hacer público, que no contamos con nada de lo anterior, que las neuronas disponibles en nuestro diminuto cerebro son incapaces de almacenar un número telefónico de más de dos dígitos.

Tanto el increíble Hulk como el Doctor Jekyll tienen un punto umbral que provoca la transformación, uno en un colérico monstruo verde de gran tamaño y el otro, en el malévolo Mr. Hyde; en mi caso cuando suena el teléfono y me sueltan éste saludo a boca de jarro yo también me transformo.

-       ¿Qué e eso ahí, quien tú eres?

Sin un “buenos días”, sin un “hola”, “me hace el favor” y además, con el tuteo más agresivo posible.

 Si usted llama, es como si tocara a una puerta y seguro pretende que ésta se le abra, usted es quien está “afuera” y nunca pretenderá que los de adentro se identifiquen, el que tiene que identificarse para entrar y decir lo que quiere es usted.

Yo para estos casos esté donde esté pero sobre todo en mi casa, tengo una respuesta preparada y de tantas veces usada la he convertido en un reflejo y lo hago con la mayor naturalidad del mundo: “Ministerio de relaciones exteriores, ¿Con quién desea hablar?”; para dar esta respuesta no es de importancia para mí, que me resulte familiar o conocida la voz que llama; unas veces me dicen “ay disculpe yo pensaba que llamaba a una casa particular” y otras solo cuelga sin que se le escuche ni la respiración.

Que me disculpen los del mencionado ministerio pero un día fue lo que usé sin pensar y me gustó y me he quedado en ese ramo de la diplomacia internacional.

Está un tipo de equivocado que no lo acepta y casi te convence que el equivocado eres tú, porque estás viviendo en una casa equivocada, él está totalmente convencido que ese número que le dieron es de Robertico y Robertico tiene que vivir en ese lugar o a lo sumo se debe estar mudando en ese mismo instante.

Los peores son esos que no aceptan y repiten la llamada y tú les explicas con toda la paciencia, que si continúa digitando los mismos numeritos seguirás respondiendo tú mismo, que no habrá un milagro porque es una cuestión de programación matemática.

Están los equivocados muy receptivos a su error pero padecen de un mal geolocalizador y viven con un concepto erróneo de que el orden numérico telefónico tiene una relación total y directa con la ubicación geográfica urbana y te piden que les digas, les describas, algunos puntos de referencia geográficos cercanos a tu posición para de esa manera analizar, en su algoritmo raro y personal, si ya están acercándose al número deseado por ubicación de posicionamiento geográfico. ¡Increíble!.

Han llegado algunos equivocados a pedir que deje descolgado mi equipo para ellos continuar marcando el mismo número “a ver si contesta la otra persona”.

El otro problema quizás hasta más irritante es de horarios y no tiene que ver únicamente con los equivocados y eso es hasta peor, se trata de nuestros conocidos, amigos, compañeros de trabajo, familia.

Se supone que usted puede llamar a los bomberos en cualquier momento de las 24 horas y cualquier día del año, pero a una casa de familia donde puede haber niños, ancianos, donde existen privacidad, nuestro espacio personal con horarios y días de descanso, es elemental que no se puede llamar en cualquier momento.

Nadie debe llamar a una casa entre los horarios de 10 PM y 7 AM a menos que sea realmente una urgencia y la llamada represente una solución a un problema casi de vida o muerte.

Usted no puede llamar un domingo a una casa antes de las 10 AM, no puede llamar días de descanso después del almuerzo porque muchos duermen; mi viejo trabajaba incansablemente, pero ese horario de descanso era sagrado, pero bueno a Emilio nadie pudo despertarlo al menos por vía 500; y las otras molestias son las referidas a los momentos en que la familia reunida a la mesa, se alimenta; tan inaceptable de la misma manera que las anteriores molestias.

Por suerte existen actualmente muchos recursos tecnológicos a nuestra disposición para protegerse y hacer menor el efecto indeseado de poseer un teléfono en el hogar, algo que siempre será muy beneficioso.


Antonio Meucci
Nada amigos, que el teléfono es uno de los invento más  polémico y generador de múltiples problemas desde que fue creado, una maldición que arrastra consigo, porque desde que Alejandrito lo patentó, los derechos fueron reclamados por Antonio Meucci, quien fuera reconocido como su único inventor solo en el cercano 2002 y esto que les digo seguramente se ha reflejado también en las batallas campales en el barrio cubano, cuando los CDR, en algún momento asignaban estos útiles aparatos; comisiones y más comisiones y disgustos y más disgustos entre vecinos.

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